Micropoder



e-Abogacía

Jaque al derecho de defensa
Viernes, 10 de Febrero de 2012 04:16
Escrito por Javier Cremades
Avatar

La polémica que se ha suscitado tras la decisión de la Sala Segunda del Tribunal Supremo de condenar por unanimidad a Baltasar Garzón como autor de un delito de prevaricación en concurso con otro contra las garantías constitucionales, merece una reflexión desde el punto de vista del bien jurídico protegido en este caso: el derecho de defensa.

Un derecho que ayer el Tribunal Supremo acertó a proteger condenando al juez que ordenó intervenir y grabar las conversaciones que los letrados que defendían a varios imputados en el caso  Gürtel  mantenían con sus defendidos en el centro penitenciario.

Al conocer los hechos, los letrados valoraron la gravedad de estos hechos e interpusieron una querella contra el citado juez porque consideraron que la intervención judicial ordenada era ilícita al no investigarse en la causa delitos de terrorismo ni tener los querellantes la condición de imputados, ni haberse justificado por el juez esa condición procesal –ajena a la defensa– de los mismos, y que la actuación había sido mantenida conscientemente por el instructor para aprovecharla en su investigación, como se desprendía de lo actuado O sea, que había quebrantado a sabiendas el secreto de las comunicaciones y además el derecho de defensa, entre otros. 

El Tribunal Supremo dio ayer la razón a los letrados que en solitario y con el arma más poderosa, que es la razón, se han mantenido firmes en su independencia y en la defensa de los derechos de sus patrocinados. En realidad, pienso que con ello han prestado un loable servicio a nuestra profesión y a quienes depositan en nosotros su confianza.

Porque de tolerarse tales excesos el derecho de defensa quedaría pulverizado y rota la imprescindible relación de confianza que ha de unir al imputado con su letrado. Todo lo que el defendido hubiera contado reservada o confidencialmente a su abogado, para contradecir la imputación, lo conocería inmediatamente la Policía, el juez y el fiscal, y lo podrían utilizar en contra de aquél, tanto en la investigación como en el juicio.

Es verdad que algunos grupos organizados y armados –terroristas– crean situaciones excepcionalmente graves de inseguridad social que han llevado al legislador a permitir la suspensión o intervención de las comunicaciones entre letrados y defendidos, para evitar que estos últimos continúen delinquiendo con la ayuda de sus letrados. Pero semejante actuación excepcional, que se puede justificar por razones de seguridad o para evitar actuales o futuros delitos, ha de serlo siempre restrictivamente y ha de fundamentarse judicialmente caso por caso. Sería injustificable si tuviera por finalidad descubrir la estrategia defensiva de los terroristas, por muy terroristas que fueran, sin apreciar explícitamente indicios de delito en determinados letrados. Hay que tener muy en cuenta que la confidencialidad entre los acusados y sus defensores forma parte del derecho de defensa y éste es la base del Estado de Derecho.

Como es bien sabido, el caso Gürtel no era de terrorismo, ni se explicó por el juez en sus resoluciones limitadoras –ahora consideradas injustas– los indicios que podrían servir de fundamento a la imputación de los letrados querellantes, ni por tanto tenía justificación la intervención de las conversaciones de los mismos con su cliente.

Ahora sólo falta, para un más preciso comentario, la lectura completa de esta sentencia, pero ahí queda la ejemplar defensa de unos abogados y la ejemplarizante decisión unánime de una Sala. De todos modos este caso, y su sentencia, han servido para recordar que el derecho de defensa acompaña al ciudadano, reforzando los efectos del derecho a la libertad. Es el gran baluarte que nos protege a cada uno frente a los poderes del Estado en el ejercicio del ius puniendi, frente a todos los excesos que el ya ex juez Garzón o cualquiera otro que los ejerza o represente pueda cometer.

 

 

 

 

 

 

 

 
Mi testimonio
Jueves, 03 de Marzo de 2011 11:40
Escrito por Javier Cremades
Avatar

Soy abogado y tengo la fortuna de dirigir un despacho profesional que, con el tiempo y gracias a Dios, ha alcanzado un tamaño considerable. Son aproximadamente 120 compañeros, algunos de ellos desde otras ciudades españolas, europeas y americanas, los que comparten conmigo la dedicación a este trabajo y a nuestra firma entre leyes, negociaciones y, a veces, pleitos.

En los inicios, cuando el despacho empezaba a caminar, nuestro horario era el que se imponía habitualmente en las organizaciones profesionales de abogados, consultores o auditores de Madrid. Precisamente, en nuestra profesión el horario habitual no es lo que se dice reducido. Al contrario, muchos presumen por tener las luces de sus despachos encendidos un exagerado número de horas. En otras palabras, muchas veces parece que el reconocimiento profesional tiene que ver con el tiempo que un abogado dedica exclusiva y excluyentemente a sus asuntos laborales. Este tiempo puede incluir, de forma recurrente, los fines de semana. Si a este cocktail se suma el ingrediente de la remuneración de honorarios basada en el tiempo, la fórmula de captura de la vida entera del profesional está más que servida.

El modelo impuesto consiste en practicar unas jornadas de trabajo interminables, en las que la familia, los amigos o el enriquecedor y necesario ocio se convirtieron en algo extraño y extraordinario. En Cremades & Calvo-Sotelo sabemos – y eso no deja de significar un cierto aire de rebeldía- que los horarios agresivos, irracionales, son la peor forma de cuidar el talento humano, el principal motor de nuestra actividad. 

Disponer de tiempo para desarrollar y disfrutar de nuestra vida no profesional es una aspiración básica de toda persona. Con organización y con la suficiente capacidad de comunicación sobre el nuevo sistema de trabajo. Es posible y es aconsejable disponer de unos horarios racionales y razonables; unos horarios compatibles con la familia, los amigos, la calle, la cultura… el ocio, en general.

El despacho continúa funcionando, prestando cada vez más servicios y aumentando su campo de actuación. Por ello, deduzco que el haber adecuado el horario de trabajo siguiendo criterios de racionalidad en el tiempo y primando el talento ha sido una decisión totalmente acertada.

Javier Cremades
Abogado. Fundador y presidente de Cremades & Calvo-Sotelo.

 
Página 3 de 3

Próximos Eventos

<<  Noviembre 2017  >>
 Lun  Mar  Mie  Jue  Vie  Sab  Dom 
    1  2  3  4  5
  6  7  8  9101112
13141516171819
20212223242526
27282930   
Home e-Abogacía

Javier Cremades

“Los poderes clásicos deben aprender a relacionarse con los nuevos participantes en el gran juego de la sociedad. Aquellos que sepan adaptarse, los encontraran como aliados. Los que no perciban el cambio se despertarán, como el Gulliver de Swift, atenazados por la red de infinitos hilos de los insignificantes liliputienses”.