Micropoder



Democracia Interactiva

La voz de Alemania
Miércoles, 02 de Febrero de 2011 10:33
Escrito por Javier Cremades
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La canciller Angela Merkel ha dado por muerta la vía de la multiculturalidad en su país. En Alemania, dos de cada diez de sus nacionales son de origen extranjero. Por eso, la voz de Alemania en este tema nace de la experiencia.

La canciller ha abierto con decisión y argumentos un debate necesario que las posiciones extremistas han venido convirtiendo en polémica en toda Europa. Tras los logros del mercado común y la Unión Europea, la Europa de las personas está resultando un proyecto mucho más complejo. Es cierto que las migraciones y el encuentro entre culturas han sido parte fundamental de la historia de nuestro continente. Como dijo Margaret Tatcher, Europa es producto de la historia, y debemos actuar siempre bajo esta enorme responsabilidad. Nuestro pasado enriquece el presente y nos plantea como gran reto de futuro conseguir que las distintas culturas convivan de manera positiva en todos los países de la Unión.

La primera cuestión que se pone de manifiesto en este debate es la necesidad de encontrar soluciones locales aunque se trate de un problema global. Cada país de la Unión tiene una historia distinta y una realidad demográfica diferente. Cada país debe buscar las políticas de integración más eficientes, pero resulta imprescindible la coordinación entre todos los estados miembros de la Unión. La libre circulación de personas plantea nuevos retos en la política de inmigración, pero la propia Unión posibilita instrumentos modernos de integración de las culturas nacidas fuera de nuevas fronteras. Alemania, voz autorizada, ha movido ficha. Las instituciones también deben encarar el análisis sobre cómo construimos en positivo la Europa más diversa de la historia. Por encima de polémicas estériles y prejuicios, éste es el verdadero reto que nos atañe a todos. Es la hora de los estadistas que, como definía Churchill son aquellos que piensan en las próximas generaciones más que en las próximas elecciones.

Javier Cremades

 

 
Las democracias occidentales frente al micropoder
Lunes, 20 de Septiembre de 2010 14:36
Escrito por Javier Cremades
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Los nuevos muros digitales que las dictaduras están levantando no serían posibles, sin embargo, sin la colaboración, o por lo menos, la pasividad, de los Estados y las corporaciones occidentales. Varios grupos de defensa de la libertad de prensa en Internet han denunciado que MSN Spaces, servidor de blogs de Microsoft, ha censurado el del periodista chino Michael Anti, uno de los más prestigiosos e influyentes de China. Michael Anti (cuyo verdadero nombre es Zhao Jing), fue jurado en los premios "Deutsche Welle" a los mejores "blogs" mundiales del 2005, y su bitácora es considerada por la prensa china y extranjera como una fuente esencial para conocer la actualidad del país, donde la censura en la red es cada vez mayor. Sus informaciones sobre las protestas de Dongzhou en diciembre (en las que la policía china mató al menos a tres manifestantes) o su apoyo a la reciente huelga de periodistas de un diario de Pekín parecen haber sido las principales causas del bloqueo de su bitácora.

 

MSN, como otros muchos servidores con operaciones en China ejercen diferentes tipos de censura en el país asiático, por orden gubernamental, con medidas como no permitir la publicación de textos que contengan palabras como "masacre de Tiananmen" o "Falun Gong". China es el segundo país del mundo en número de internautas, y el fenómeno de los blogs, aunque más tarde que el resto del mundo, también ha triunfado, permitiendo unos niveles de discusión y análisis políticos nunca antes vistos en los medios de comunicación del país.

 

Otras multinacionales también tuvieron que ceder a las leyes censoras del Gobierno de China, caso de Yahoo, que el pasado año dio a Pekín información confidencial de uno de sus usuarios de correo, el periodista Shi Tao, lo que permitió su posterior detención por haber difundido información "secreta" a la prensa extranjera.

 

También Google empezó censurando su versión en chino en su herramienta Google News, para plegarse después a las presiones del gobierno chino para recortar la libertad de expresión. Buena parte de las informaciones relacionadas con el Tibet o con los derechos humanos dejarán de ser accesibles desde la versión china del buscador Google. Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha criticado duramente la decisión del principal motor de búsqueda en Internet de colaborar con el Gobierno chino.

 

La explicación de Google de que no tiene más remedio que aceptar las leyes locales de China no convence a RSF. “La libertad de expresión no es un principio accesorio que puede dejarse a un lado cuando se opera en una dictadura”. Para Google, es mejor filtrar la información que dejar de proporcionarla a los internautas chinos. Aunque filtrar la información va en contra de sus principios, afirman que peor sería no proporcionar ninguna información a los internautas chinos.

 

Una iniciativa legislativa norteamericana, “Global Online Freedom Act”, nacida en 2006, pretende precisamente, obligar a las empresas norteamericanas a promover la libertad en Internet globalmente. El proyecto de ley establece como política de los Estados Unidos la promoción de la libertad de expresión y el intercambio de información, lo cual incluye “prohibir a cualquier empresa de los Estados Unidos la cooperación con las autoridades de los países con Internet restringido en orden a la censura de los contenido online”. Propone, para ello, medidas como:

·Encargar un Informe Anual de Prácticas relativas a los Derechos Humanos por países

·Establecer la Oficina de la Libertad Global de Internet

·Elaborar un Informe Anual de Países que restringen Internet

Además, propone una serie de estándares corporativos mínimos para la Libertad Online, entre los que destaca la protección de los motores de búsqueda y los servicios de contenido, que no podrán estar localizadas en países que restrinjan la libertad en Internet, ni podrán alterar o filtrar los resultados de las búsquedas a resultas de la intervención de las autoridades de esos países. Por otra parte, obliga a las compañías a  proveer a la Oficina de la Libertad Global en Internet con las listas de los términos que las autoridades de esos países pretendan bloquear.

 

La Global Online Freedom Act parece una loable iniciativa. Pero no conviene olvidar que las amenazas más serias a la libertad de expresión en el entorno digital son las que actúan en el interior del sistema. Prueba de ello es que, mientras se tramita esta ley y se acusa a Google de colaboración con la censura china, el Departamento de Justicia norteamericano pidió a los tribunales que obligaran, bajo pena, a Google a facilitar información sobre los usuarios que buscan determinadas palabras. La empresa norteamericana se negó. Entre las razones que dio Google para no proporcionar los datos al Departamento de Justicia está que esa acción dañaría su negocio ya que fomentaría la idea, la percepción de que la información del usuario no se trata con el máximo cuidado y discreción. Como se benefician de su rol como puerta de entrada al ciberespacio y guardianes de la información personal, las compañías saben que deben ser depositarios de información en los que merece la pena confiar. Los usuarios no esperan menos de ellas.

 

‘Si la libertad significa algo, es el derecho de decirles a los demás lo que no quieren oír’. Estas palabras de George Orwell en el prólogo de su libro ‘Rebelión en la granja’, titulado «La libertad de prensa», han sido utilizadas durante años por los defensores a ultranza de la libertad de expresión. Y son ciertas hasta cierto punto. Hay delimitaciones en el derecho a la libertad de expresión en la teoría y en la práctica de control que ejercen los Estados y los propios informadores. Pero no podemos negar que estas libertades son esenciales para el funcionamiento de la sociedad y que es necesario preservar de alguna manera el poder que los ciudadanos han recuperado en este ámbito con ayuda de las nuevas tecnologías de la información y de las comunicaciones. Porque este poder les facilita su libertad.

 
El Micropoder frente a las dictaduras.
Lunes, 26 de Julio de 2010 16:47
Escrito por Javier Cremades
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Guillermo Fariñas es el editor de la agencia de prensa independiente Cubanacán de Santa Clara, en la Provincia de Villa Clara. Su agencia reúne a más de quince periodistas independientes que informan sobre violaciones de derechos humanos y otros asuntos prohibidos en los medios oficiales Cubanos.  Fue encarcelado bajo cargos amañados, y condenado a seis años y 10 meses de prisión. Fariñas fue puesto en libertad condicional 14 meses después, en precario estado de salud debido a las huelgas de hambre que protagonizó en la cárcel, e incluso en el hospital, donde lo internaron para que no muriera. Desde que salió en grave estado de salud con una "licencia extrapenal" que pendía como una espada sobre su cabeza, Guillermo necesitaba una silla de ruedas para desplazarse, imposibilitado como estaba para caminar.

Desde entonces, el periodista había podido enviar sus informaciones a los medios extranjeros a través de un cibercafé situado en su ciudad, pero un día, las autoridades le impidieron el acceso a este medio, el único a su disposición. Guillermo Fariñas comenzó entonces una huelga de hambre demandando a las autoridades cubanas el acceso a Internet para todos los ciudadanos cubanos, incluidos los miembros de la oposición.

El derecho a la libertad de expresión no es absoluto en ningún país, ya que los gobiernos siempre prohíben ciertos tipos de expresiones. Bajo la ley internacional, las restricciones a la libertad de expresión tienen que pasar una triple prueba: deben estar regidas por la ley, deben perseguir un objetivo reconocido como legítimo, y deben ser necesarias y proporcionales para cumplir dicho objetivo. Entre los objetivos considerados legítimos están la protección de los derechos y la reputación de otras personas (prevención de la difamación), y la protección de la seguridad nacional, el orden público y la salud. Se reconoce generalmente que las restricciones deben ser la excepción y la libertad de expresión la regla. Pero estas condiciones distan mucho de la realidad.

Los regímenes no democráticos tienen verdadero temor del refortalecimiento de la libertad de expresión producido por la interactividad de las tecnologías digitales. El micropoder de los ciudadanos es más difícil de controlar que los grupos tradicionales de oposición. Gracias a Internet, cada ciudadano es un editor en potencia, por lo que resulta complicado vigilar el flujo de información. Para controlar la Red, los regímenes represivos han encontrado dos soluciones.

La primera, la ya comentada de la dictadura cubana, es prohibir el acceso a la web a la mayoría de la población. Pero Cuba y los demás países que mantienen esta política, como Corea del Norte, se van dando cuenta de que el desarrollo económico que necesitan pasa por el acceso a las nuevas tecnologías digitales.

La segunda opción, el 'método chino', es por ello el más extendido entre países no democráticos como Arabia Saudí o Singapur. Tradicionalmente, el régimen comunista chino se ha basado en la distribución de la información dependiendo del rango burocrático. Según el sinólogo Tony Saich, "bajo un sistema semejante, la verdadera base del intercambio son los secretos y el acceso privilegiado a la información". Ahora el gobierno chino está intentando beneficiarse de las ventajas económicas de Internet sin permitir que se acceda a su complicado sistema de control político. Según explica Nye, la manera de conseguirlo es autorizando sólo cuatro redes de acceso internacional, bloqueando los sitios web y prohibiendo a los sitios web chinos que difundan noticias procedentes de sitios web extranjeros. Al mismo tiempo, las autoridades favorecen igualmente la utilización de la Red, y se sirven de ella como soporte de propaganda. Así, durante la crisis posterior a la interceptación de un avión de vigilancia norteamericano en cielo chino, el gobierno aprovechó la web para endurecer la respuesta nacionalista de los ciudadanos.

Este 'método chino', pasa también por bloquear miles de publicaciones digitales instalando filtros para hacerlos inaccesibles. También se instalan programas que permiten leer los mensajes de correo electrónico, buscando palabras clave que sirvan para detener a los 'ciberdisidentes'. Finalmente, los Estados represivos utilizan cada vez más los servicios de los hackers, que crean virus y programas informáticos de todo tipo, para bloquear las publicaciones indeseables.

El primer ciberdisidente chino condenado, Huang Qi había creado la página www.6-4tianwang.com, en la que se podían leer artículos reclamando a las autoridades chinas una explicación veraz sobre los sucesos de 1989, calificados por Pekín como de "contrarrevolucionarios". También reclamaba datos sobre cientos de estudiantes desaparecidos durante esos episodios nefastos. El Tribunal Intermedio del Pueblo de Pekín sentenció a penas de entre ocho y diez años de cárcel por subversión a él y otros tres activistas que llevaban a cabo sus actividades a través de Internet.

Según 'Reporteros Sin Fronteros" China es de lejos la mayor cárcel del mundo para los usuarios de la Red, seguida de Vietnam, Cuba, las Maldivas y Siria. Las condenas infligidas a esos individuos, por el simple hecho de expresarse en sitios o foros de discusión, llegan hasta 15 años de cárcel.

Pero, conforme los estados no democráticos se van desarrollando, se les plantea también la necesidad de liberalizar la comunicación en el entorno digital. Mucho más que las presiones ejercidas por las organizaciones cívicas, movidas por las denuncias de los ciberdisidentes, es la necesidad de avanzar en el progreso económico lo que está aflojando los controles de la libertad de expresión. El proceso de la globalización va extendiendo la economía basada en la información por todo el mundo, pero el nuevo sistema exige que esa información sea ampliamente compartida y que goce de libre circulación para obtener los máximos beneficios.

Un caso relevante de esta evolución es el de Singapur, que se enfrenta al dilema de reestructurar su sistema educativo para fomentar la creatividad individual que exige una economía de la información, al tiempo que mantiene una férrea política de control y censura en Internet. Porque, una de las consecuencias evidentes del surgimiento del micropoder es que los gobiernos pierden parte de su capacidad de control sobre los flujos de información social. Así lo comprobó el ejecutivo indio cuando varios ministros tuvieron que dimitir por las informaciones sobre corrupción difundidos por una página web. Algo que resulta frecuente en las democracias occidentales, empieza a afectar a los gobiernos autoritarios a pesar de sus esfuerzos coercitivos.

En la propia China, las cosas van cambiando. Por ejemplo, hasta hace muy poco, los mapas topográficos detallados, de uso común en otros países, estaban estrictamente clasificados. En la escuela no se enseña a los niños a interpretar un mapa. Pero la expansión de las nuevas tecnologías digitales como Internet y los sistemas de navegación por satélite (como el GPS) están empezando a debilitar el control estatal sobre la cartografía. Los dirigentes chinos se quedaron horrorizados cuando descrubrieron que los usuarios del programa Google Earth podían direccional las imágenes del satélite hacia los edificios del interior de Zhongnanhai, el amurallado cuartel general del Partido Comunista, junto con la latitud y longitud exacta de cada uno. Los mapas chinos jamás habían señalado el emplazamiento.

Según cuenta The Economist, hace años SinoMaps Press, la única entidad cartográfica del país, tenía sólo veinte empleados en su división de mapas digitales. En la actualidad, un considerable número de compañías chinas independientes están desarrollando software para navegación usando el sistema americano GPS, a la vez que cartografían digitalmente el terreno. Por supuesto, las imágenes y las bases de datos deben todavía ser examinados por el gobierno para asegurarse de que no desvelan ningún secreto. Ahora, los programas de navegación digital identifican más edificios gubernamentales que los mapas convencionales, pero todavía no contienen lugares como el cuartel general del partido o el ministerio de Defensa.

Pero, por el momento, la libertad de expresión en China es todavía un privilegio, no un derecho, que sólo se concede a una élite. A pesar de las barreras para tener acceso a los medios de publicación y el peligro inherente en publicar noticias e información política, los miembros de esa élite pueden expresar preocupación y crítica sobre el gobierno con menos miedo al castigo que el resto de los ciudadanos chinos. Esta elite está compuesta por altos funcionarios y líderes del Partido Comunista, las personas que están bajo el patrocinio de aquellos líderes, y, en menor medida, algunos académicos y periodistas. También se incluyen a las personas que forman parte de la que podríamos denominar "élite lingüística", es decir, aquellos que pueden manejarse en otros idiomas, especialmente en inglés. Los sitios web de The Wall Street Journal, New York Times y la CNN son accesibles desde China porque su audiencia en el país se reduce a la insignicante minoría que tiene acceso a Internet además de un buen conocimiento del inglés. En el caso del sitio web de la BBC, en cambio, todas las versiones en distintos idiomas están accesibles, excepto la versión en chino, que está bloqueada.

Es cierto, sin embargo, que las autoridades, han ido reconociendo una libertad de expresión limitada. Pero es porque han advertido que esa libertad limitada permite controlar mejor los problemas sociales. Por un lado, actúa como una válvula de escape para descontentos que rebaja las tensiones polacas. De otra parte, produce la impresión de que en el Partido Comunista Chino se goza de libertad de expresión. También proporciona a las autoridades una forma de monitorizar el estado de ánimo de la población y detectar las debilidades del sistema, manteniendo bajo control a los descontentos.

 
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Javier Cremades

“Los poderes clásicos deben aprender a relacionarse con los nuevos participantes en el gran juego de la sociedad. Aquellos que sepan adaptarse, los encontraran como aliados. Los que no perciban el cambio se despertarán, como el Gulliver de Swift, atenazados por la red de infinitos hilos de los insignificantes liliputienses”.