Micropoder



e-Capitalismo

Un acuerdo positivo pero insuficiente.
Martes, 12 de Marzo de 2013 18:57
Escrito por Javier Cremades
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La noticia de un acuerdo entre los dos principales partidos políticos sobre algo siempre es positiva para los ciudadanos. Este acuerdo, sin duda, es un paso positivo, pero debemos advertir que es un paso claramente insuficiente contra el problema de las participaciones preferentes.

En primer lugar, el acuerdo se refiere al caso de los afectados por las preferentes de los bancos que han quedado en manos del Estado tras la inyección de capital de la ayuda de Bruselas. Es decir, está pensado inicialmente para los afectados por las participaciones vendidas por las cajas integradas en CatalunyaBanc, Novagalicia y Bankia, las entidades nacionalizadas que han recurrido masivamente a la venta de este producto. Porque, en esta cuestión de las preferentes, como pasa a menudo, no todos los bancos han actuado de la misma forma. Son, precisamente, los más solventes y que no han tenido que recibir la ayuda del Estado, como el Santander o el BBVA, los que han sido generalmente más responsables a la hora de comercializar estos productos híbridos.

En segundo lugar, ese acuerdo afecta sólo a los casos más extremos y flagrantes de engaño al inversor, que ya estaban siendo solucionados por la vía judicial. Deja fuera por tanto a la gran mayoría de los miles de tenedores de preferentes.

Para entenderlo es preciso recordar que en la situación actual, por imperativo de Bruselas a la hora de aprobar la ayuda a los bancos españoles, los tenedores de esas preferentes solo pueden recuperar un máximo del 60% de su inversión y en acciones de la propia entidad, no en dinero. Esta gravosa situación de los titulares de preferentes ha sido paliada en algunos casos puntuales por los jueces, dictando sentencias condenatorias contra algunos bancos cuando se ha podido comprobar un engaño flagrante y evidente en la colocación de esos productos. Por ejemplo, a personas mayores casi analfabetas. En estos casos, los titulares de preferentes han podido recuperar el 100% de su inversión.

Pues bien, el único avance que supone este pacto es agilizar la resolución de esos casos excepciones, abriendo la posibilidad del arbitraje y estableciendo una Comisión de seguimiento de los mismos. Matizando además que, en el caso de obtener un laudo favorable en el arbitraje, al 100% de la inversión se le descontaría el plus de rentabilidad que ha conseguido en los años de vida del producto, frente a lo que habría cobrado al contratar, por ejemplo, un depósito.
Es decir, que los únicos beneficiados por este pacto serán los titulares de las preferentes que con casi total seguridad habrían sido también beneficiados por una sentencia judicial favorable. Algo, sin duda, positivo pero claramente insuficiente para los miles de tenedores de preferentes que tengan la desgracia de poseer algunos conocimientos de economía o hayan tenido la mala suerte de haber contratado varios de esos productos híbridos alguna vez en su historial de inversores.
Esos miles de tenedores de preferentes, si no hacen nada, perderán un mínimo del 40% de su inversión y verán cómo esos restos se transforman en papel de acciones de los propios Bancos que les han perjudicado y cuyo valor en Bolsa está rascando los suelos más bajistas.

La otra posibilidad que tienen es acudir a los Tribunales de Justicia para intentar obtener el amparo y la justa compensación por haber sido víctimas de una comercialización que ocultaba en la letra pequeña unos riesgos que jamás hubieran corrido de haberlos conocido. En ese sentido, las sentencias judiciales favorables a los tenedores de preferentes obtenidas hasta ahora abren un margen al optimismo.

Por estas razones, este pacto es insuficiente. Pero, en un aspecto abre una cierta luz de esperanza. La de ver que, cuando la presión de los ciudadanos obliga a los principales partidos políticos a ponerse de acuerdo, son capaces de atender a las injusticias que se están produciendo en ámbitos como las hipotecas o las preferentes.

En el caso de las preferentes, además, no es cierto que no haya posibilidad de que los afectados recuperen el dinero que de buena fe invirtieron en esos engañosos productos bancarios. En este sentido, hay que recordar que las necesidades de capital para las entidades nacionalizas han sido, finalmente, de 36.968 millones, unos 10.000 millones menos de lo que había estimado inicialmente Oliver Wyman. Esta rebaja, además de a la venta de activo y el traspaso de activos a la Sareb, se debe en buena parte a las pérdidas que se obliga a asumir a los tenedores de preferentes. Son muchas las voces que están pidiendo que el Estado no cargue sobre los perjudicados por las preferentes la carga del saneamiento del sistema financiero español y que, si es necesario, agote la línea de crédito que le ha concedido Bruselas.

Los tenedores de preferentes tendrán que explicar a la opinión pública que este acuerdo, aunque insuficiente, es un estímulo para seguir trabajando en la resolución de los miles de dramas humanos que hay detrás de sus casos.


* Javier Cremades es abogado y presidente de Cremades & Calvo-Sotelo.


Artículo publicado en el País
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Organizados y preparados para mandar
Lunes, 23 de Agosto de 2010 16:50
Escrito por Javier Cremades
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¿Qué fuerza singular puede hacer que Tyco Internacional procure tener emisiones más limpias, inspirar a PepsiCo. para el estudio del impacto del SIDA en África, o conseguir que Merck&Co. publique sus intenciones de elaborar píldoras anticonceptivas? La respuesta es: los accionistas. En Estado Unidos, durante los últimos años, las propuestas para las Juntas Generales elaboradas por los accionistas, organizados alrededor de plataformas de Internet, se han incrementado un 20% cada año.

 

Los accionistas se sirven de la red para organizarse en función de sus intereses y ha creado una nueva forma de activismo accionarial. Las plataformas se crean para defender sus intereses en una compañía o en varias, utilizando recursos comunes.

 

Estas nuevas organizaciones, estos nuevos activismos se han organizado en bastantes ocasiones entorno a la defensa de intereses más amplios, no circunscritos a una particular decisión de una corporación. Es el caso de la defensa del medio ambiente (ceres.org), de la reputación o acción social (socialfunds.com, asyousow.org – “utilizando los mercados, el apalancamiento de los accionistas, estrategias legales innovadoras,… para crear una sociedad social y medioambientalmente justa” -, socialinvest.org), o de la investigación independiente para accionistas (irrc.org).

 

Podríamos de afirmar que el activismo accionarial es cada vez más una estrategia que obtiene resultados. Con ella, un creciente número de grupos de interés accede a los órganos de gobierno de las sociedades y reclama, desde dentro, otras políticas o llama la atención sobre la actividad de las propias compañías. En España, esta práctica es poco frecuente todavía. Las organizaciones Setem o Amigos de la Tierra son algunos de los escasos ejemplos de cómo utilizar las juntas de accionistas -y su impacto mediático- para denunciar la actividad de algunas empresas. Pero el activismo accionarial no es sólo una estrategia de presión o de denuncia de las ONG’s. Nuevos accionistas, organizados o no, pero más plurales, más pequeños y más diversos componen una base accionarial de más de 8 millones de personas en España. La titularidad sobre acciones ha crecido incomparablemente más que otras formas de propiedad.

 

La posesión masiva de acciones en manos de ciudadanos conscientes y críticos abre posibilidades inéditas de influencia política. Consumidores exigentes y accionistas lúcidos pueden –juntos- modificar el rumbo de muchas sociedades en alianza con un liderazgo empresarial más comprometido socialmente. Pero el problema de fondo sigue siendo cómo configurar en el accionista una voluntad política capaz de dirigir o condicionar la voluntad económica de las corporaciones. Cabe preguntarse si el pequeño accionista será capaz de formarse una opinión y hacerla valer en las juntas o si simplemente esperará pasivo el dividendo. Y, ¿qué papel van a jugar las nuevas tecnologías y el derecho al voto electrónico en este nuevo escenario?

 

Después de la llegada de la Ley de Transparencia se construyó un camino lleno de posibilidades en el cuál estaban la transparencia, la tecnología y responsabilidad como nuestros mejores guías, no sólo para la reputación corporativa o el buen gobierno, sino para la incorporación de prácticas de gestión y decisión basadas en los derechos democráticos de accionistas e inversores. Las nuevas tecnologías facilitarán que las empresas atraigan a accionistas de espacios que exceden a sus ámbitos geográficos y les permitirá no depender tanto psicológicamente de su domicilio social, fomentando el acercamiento a unos accionistas cada vez más globales.

 
Mi voto es poderoso
Lunes, 17 de Mayo de 2010 00:00
Escrito por Javier Cremades
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Si las transformaciones desde arriba son importantes y necesarias, no son menos las que se han venido produciendo entre los accionistas con la introducción de Internet en su funcionamiento.

Durante años se discutió el papel de los stakeholders  -expresión que hace referencia a los grupos de interés en una empresa- cómo debía ser su modelo o incluso qué se escondía en realidad detrás de ese concepto. Para muchos, principalmente directivos, el modelo de stakeholders se oponía al modelo tradicional de shareholders, es de decir de los accionistas. Según este último, el propósito de las corporaciones era simple y llanamente promover el valor del accionista, en un sentido normalmente cuantitativo y centrado en dos elementos: incrementar el valor de la acción e incrementar el dividendo. El modelo basado en grupos de interés, por el contrario, servía a un mayor rango de intereses.

 
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Javier Cremades

“Los poderes clásicos deben aprender a relacionarse con los nuevos participantes en el gran juego de la sociedad. Aquellos que sepan adaptarse, los encontraran como aliados. Los que no perciban el cambio se despertarán, como el Gulliver de Swift, atenazados por la red de infinitos hilos de los insignificantes liliputienses”.